Historia
El museo Nacional de la Montaña “Duque de los Abruzos” está ubicado en Torino, en el lateral de la iglesia y el convento del Monte de los Capuchinos, en una posición panorámica desde la que se puede admirar un largo trecho de los Alpes y abajo la ciudad. La idea de construir un museo nació en 1874 entre los primeros socios del Club Alpino Italiano y sólo un decenio más tarde era ya una realidad en la misma ciudad. Actualmente el museo opera, con una amplia y diversa actividad, tanto a nivel nacional como internacional. Quiere ser un polo cultural que una idealmente, bajo todos los aspectos, las montañas del mundo entero. Por tanto, siguiendo con la finalidad propuesta, a la instalación museística fija se suman las exposiciones temporales. El museo nació con horizontes mucho más estrechos, y fue su mérito saber aumentar y mejorar progresivamente; los puntos sobresalientes se pueden sintetizar brevemente en una serie reducida de acontecimientos.

La Atalaya y el Museo Alpino

En 1871 el Fondo por el Culto cede al ayuntamiento de Torino los locales del ex convento de los Capuchinos del monte de Torino y precisamente el edificio que ya estaba en uso a la iglesia anexa y los locales adyacentes. En 1874 el Consejo Municipal, acogiendo la propuesta del Club Alpino Italiano, consiente en instalar sobre el Monte de los Capuchinos una atalaya alpina y un observatorio, consistente en un simple pabellón dotado con un binocular móvil. La inauguración de la atalaya fue el 9 agosto del mismo año, coincidiendo con el octavo congreso del Club Alpino Italiano. Los locales del museo y la suma para adaptarlos fueron donadas a la sección de Torino del CAI en 1877. Fue así como el templete quedó instalado en el interior del edificio y se fueron ocupando nuevas salas. Se llegó así al 30 de agosto de 1885 cuando, con ocasión de los congresos alpinos, se inauguró un salón conteniendo colecciones fotográficas y pequeñas industrias. El 26 de junio de 1888 se completó e inauguró el primer salón, que hospedó sucesivamente las colecciones científicas. Diez años después, en 1898, las salas fueron enriquecidas con un cosmorama alpino ubicado en la planta baja y un diorama del mismo tipo en la planta superior.
En 1901 el príncipe Luis de Saboya, Duque de los Abruzos, donó a la sección, de la que fue presidente honorífico, objetos pertenecientes a él en la expedición al Polo Norte. Con la exposición internacional realizada en Torino en 1911 las colecciones del museo se enriquecieron de nuevo y en 1918 se pudo disponer de un orden más preciso y complejo de las salas. Existieron en efecto dos salones en la planta baja, la planta superior y la terraza de la atalaya en la que se dispuso un potente telescopio. El museo siguió estando abierto al público, con un progresivo deterioro de los locales y de las colecciones, hasta que en 1935 fue cerrado por lo inadecuado del edificio.

El Museo Nacional de la Montaña Duque de los Abruzos

Los trabajos de transformación requirieron ingentes gastos arquitectónicos, que transformaron completamente el aspecto externo y la disposición interior del edificio. La superficie del museo fue prácticamente triplicada. Después de algunos años dificultades y retrasos se volvió a examinar el problema de la reapertura del museo en 1939 y un año después, el 6 febrero del 1940, las obras fueron adjudicadas, y de esta forma la reapertura se realizó el 19 junio del 1942. La segunda guerra mundial perjudicó gravemente el nuevo museo. El 8 agosto del 1943 fue golpeado por trozos de metralla de las bombas que cayeron a poca distancia, destruyendo el tejado, las puertas, las ventanas y los tabiques. Tras ello una parte del material de exposición fue reubicado en las salas de abajo. A pesar de los daños padecidos, al año siguiente la instalación fue en parte reordenada y el museo abrió en los días festivos. En los años 50 se trabajó de modo decisivo en revalorizar los espacios expositivos; las viejas instalaciones, reordenadas y con algunas sustituciones, se prolongaron hasta principio de 1966 cuando el consejo de la Sección de Torino del Club Alpino Italiano, después de una inspección, tomó la decisión de desmantelar todas las estructuras expositivas para poder efectuar una reestructuración general de los locales y realizar un nuevo proyecto expositivo. Al final de 1970, por iniciativa de los Rotary Torino Este, se consiguió una modesta contribución para los primeros trabajos, y abrió la puerta a la colaboración de los entes públicos turineses y de los patrocinadores, (entre ellos recordamos: el Ayuntamiento de Torino, la Región Piemonte, la Provincia de Torino y algunas fundaciones bancarias).

El Museo de la Montaña se expande

El 13 de julio de 1978 se presentaron a las autoridades y a la prensa las salas de la planta baja. El 21 de marzo de 1981 se inauguró el Museo, completamente reestructurado, compuesto por salas expositivas permanentes y temporales. En los años siguientes la actividad del museo se ha afirmado, las colecciones han sido incrementadas y la estructura se ha convertido en la más importante del sector a nivel internacional. En 1998 la ciudad de Torino ha concluido los trabajos de las Áreas de Encuentro, compuesta por diversas salas de reuniones, la Sala de los Escudos completamente restaurada y un renovado bar - restaurante. En el 2003 fue abierta la nueva Área de Documentación, que reúne la Biblioteca Nacional del Club Alpino Italiano y los Archivos del Museo. Hoy el Monte de los Capuchinos es un verdadero polo cultural dedicado a la montaña, articulado en torno a tres estructuras separadas pero complementarias, una dedicada a los encuentros, otra a la documentación y otra a las exposiciones.



El Museo de la Montaña de los años 2000

En esta óptica, a principios del año 2000, se decide afrontar una nueva reestructuración, justo de esta última área. La institución ha conseguido de nuevo el apoyo de varios entes – el Ayuntamiento de Torino propietaria del inmueble, junto a la Región Piemonte, Provincia de Torino, Compañía de San Paolo, fundación CRT e IMONT- y se ha llevado a cabo una reorganización completa. Todas las plantas se han hecho accesibles gracias a un ascensor que sube a la atalaya, donde una terraza panorámica externa ha sido añadida. Es aquí donde concluye el nuevo recorrido de visita, que quiere idealmente recordar los orígenes del museo, nacido como punto de observación de las montañas. Es lo que se puede ver desde las ventanas para introducir los diferentes argumentos tratados y la visita se desarrolla como una ascensión entre collados y cumbres que circundan la ciudad, elegidos para representar simbólicamente temas como la religiosidad, las comunicaciones, el turismo y el alpinismo, el club Alpino Italiano, el esquí, los deportes invernales y el desarrollo sostenible. La ascensión acaba en la terraza, para poder admirar a simple vista, observando 400 kilómetros de los Alpes, lo que antes sólo había sido sugerido.



 

 

 

 

 

 

 




El Museo de los Alpes a principios de 1900